La calle dicta la agenda

En América Latina la política ya no se decide solo en oficinas ni en reuniones cerradas. Hoy se siente en la calle, en el mercado, en la conversación cotidiana. El ambiente cambió. La gente ya no tiene la paciencia de antes y eso ha transformado por completo la manera en que se gana y se pierde el poder.

El votante latinoamericano ya no vota por costumbre ni por herencia familiar. Vota pensando en lo que le cuesta llenar el carrito del súper, en la inseguridad que vive su colonia y en la frustración de escuchar promesas que no se cumplen. El llamado “voto de castigo” se volvió una forma directa de decir: “si no das resultados, te vas”. Es una ciudadanía más crítica y menos dispuesta a esperar.

La tecnología también cambió las reglas. Antes, un error político podía manejarse con discreción. Hoy, un video grabado con un teléfono puede recorrer el país en minutos y afectar seriamente una carrera política. Las redes sociales acercaron el poder a la gente, pero también volvieron más frágil la reputación de quienes gobiernan. Todo se mide al instante.

La política, en consecuencia, se volvió más emocional y más rápida. Los liderazgos ya no dependen solo de los partidos tradicionales, sino de la capacidad de conectar con el enojo, la esperanza o el cansancio de la sociedad, es decir  conectar con una causa. Muchos políticos han entendido que lo que realmente moviliza es la identificación directa con el malestar ciudadano.

Ahí está el ejemplo de Javier Milei en Argentina. Su llegada al poder fue impulsada por un fuerte rechazo hacia la clase política tradicional, fenómeno que se ha venido replicando en otros países de Latam. Sin embargo, esa misma impaciencia social que lo llevó a la presidencia es hoy su mayor reto. En un país golpeado por la inflación, la gente difícilmente concede mucho tiempo para ver resultados y  las siguientes elecciones mostrarán si la sociedad está dispuesta a aguantar sacrificios con la esperanza de estabilidad, o si buscará nuevamente un cambio.

En México también hemos vivido ese proceso. En los últimos veinte años ha habido tres alternancias en la Presidencia. En 2000, con Vicente Fox, terminó una larga etapa del PRI en el poder. En 2012 regresó el PRI con Enrique Peña Nieto. Y en 2018 llegó Andrés Manuel López Obrador con un nuevo proyecto político. Estas transiciones muestran que el electorado mexicano ya no se ata a un solo partido. Evalúa, compara y decide cambiar cuando siente que las cosas no avanzan.

Gobernar hoy en América Latina se ha vuelto en una constante vigilancia por parte de la gente. La credibilidad ya no se gana solo en las urnas; se sostiene todos los días con resultados concretos. La calle observa, opina y también actúa.

El gran desafío para la región es que esta energía ciudadana no se quede solo en cambiar nombres o partidos, sino que fortalezca las instituciones y las reglas del juego. 


Publicado

en

,

por

Etiquetas: